Las diabólicas. Giros maestros.
- Ismael Martin
- 8 oct
- 4 Min. de lectura
En 1955 se estrenó en Francia una película de suspense muy deudora del estilo de Alfred Hitchcock a la hora de utilizar los elementos para crear tensión. Con una audacia abordando temas de una manera diferente a la acostumbrada, Las diabólicas sigue siendo un largometraje que no ha perdido vigencia. Una cápsula audiovisual del tiempo de cómo era la sociedad, los lugares y la manera de hacer las cosas que cumple setenta años.

Sinopsis
Christina Delasalle es una directora de un internado de segunda categoría que sufre los abusos de Michel, su marido, un hombre que la humilla de muchas maneras, incluso manteniendo una relación con Nicole, una profesora del colegio a la que también golpea. Christina y Nicole idean un plan para eliminarlo y liberarse de su yugo, pero nada saldrá como ellas tenían pensado.

Reparto y director
Vera Clouzot................ Christina Delasalle
Simone Signoret.......... Nicole Horner
Paul Meurisse.............. Michel Delasalle
Charles Vanel............... Inspector Alfred Fichet
Henri-Georges Clouzot es el director del largometraje. Nacido en 1907, su filmografía está ubicada entre el primer cine francés antes de la guerra y la irrupción de la Nouvelle Vague, haciendo que quede algo opacada. Especialista en el cine de suspense, su estilo se asemeja al de Hitchcock, sabiendo dosificar la información, planeando escenas llenas de tensión y algo de humor negro. Debutó con la estimable El asesino vive en el 21, trece largometrajes llevan su firma, destacando esta Las diabólicas y la potente El salario del miedo.
El cadáver que desapareció
Las películas de suspense tienen a la vez en su mayor valor su mayor peligro, porque el giro que cambia toda la historia es lo que suele quedar de un thriller pero que hace que volverla a ver se haga cuesta arriba, ya que la sorpresa ya no existe y el largometraje puede quedar como aburrido. Una obra de suspense tiene que tener la suficiente sustancia como para que su revisionado sea igual o más disfrutable como la primera vez.
Para mí ver Las diabólicas es como viajar en el tiempo. Vamos a una época del cine que utiliza un lenguaje que ya no es válido para las nuevas generaciones, utilizando la imagen para enfatizar tanto lo que se ve como lo que está oculto de manera maestra; caminando junto con los actores por lugares, casas o calles muy diferentes a los de la actualidad, donde se puede ver las reminiscencias que sigue teniendo el conflicto bélico de años atrás, donde pareced que todo era más simple, más sencillo, cuando no era así.
Ver Las diabólicas es volver a unos años donde, visto con los ojos de hoy, parece que las historias son muy naif, pero que esconden una profundidad y una modernidad que ya quisieran muchos largometrajes de hoy.

Clouzot cuenta una historia en la que infidelidad es palpable, donde la esposa ultrajada y la amante son amigas en la adversidad, enamoradas de un sinvergüenza que las maneja a su antojo. No esconde ni maquilla que el engaño matrimonial existe, y que la amante no es menos que la esposa, sino otra víctima.
El director juguetea con el género gótico en esa escuela grande, con huecos que se llenan de sombras amenazantes, donde en un momento siembra la idea de que el fantasma del asesinado se aparece a un alumno. Todo el tramo final es auténtico cine gótico.
El manejo del suspense es magistral. Clouzot va esparciendo pistas sobre lo que va a devenir, como una toma de un charco; una escena de Christina lanzando una piedra a la piscina; la secuencia del piso donde ocurrirá el crimen; la búsqueda de quién lavó el traje que tenía el muerto y el miedo a que alguien sepa que las dos mujeres son las asesinas. Todo culmina en el mencionado acto final, donde una aterrada Christina a de enfrentarse al peligro. El director lo apuesta todo a los actores, a las imágenes y el sonido ambiente, dejando fuera a la banda sonora, que solo se escucha en los créditos iniciales y finales.

Sobre la historia, el director decidió cambiar el punto de vista del marido a la esposa, interpretada por su esposa, y que sean ella y la amante las conspiradoras, no el esposo y la amante que es lo que sucede en el libro. También deja de lado que el motivo sea una estafa al seguro, haciendo que sea una motivación más humana, aunque, todo hay que decirlo, el final encaja más con los valores que el cine debía transmitir de que el culpable siempre ha de pagar.

Simone Signoret sobresale en su rol de fría amante que convence a Christina de que hay que eliminar a Michel, tirando del cargo cuando las cosas se tuercen, manteniendo la compostura para que no sean descubiertas. En una lectura acorde a lo que sucede en la novela, Signoret ocupa el rol masculino en la relación cuasi lésbica que tiene con la débil Christina, ya que en todo momento su forma de actuar se aleja del arquetipo femenino de la época, exponiendo una actitud muy masculina. Vera Clouzot hace lo que puede interpretando a la sufrida, rayando algunas veces en la sobreactuación. Paul Meurisse consigue que el espectador le coja aversión a ese marido tan abusador y malvado.
La historia ha sido llevada un par de ocasiones más al cine, siendo la versión de 1996 Diabólicas la más conocida, con Sharon Stone recogiendo el testigo de Simone Signoret en el papel de Nicole. Pero es una floja película que aprovecha el rebufo de Instinto básico sin ofrecer nada nuevo.

Obra imperecedera




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